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VENTANAS ELECTRÓNICAS

Rubén Navarro Vela

A día de hoy estamos muy influenciados por la tecnología, sus máquinas y la digitalización en todos los aspectos, todo ello forma parte de nuestras vidas y nos sumergimos en este mundo a diario. La tecnología y todos los aparatos electrónicos que nos está legando, se han convertido en una herramienta al alcance de todos, de tal modo que se puede hacer uso de ellos en cualquier momento y lugar. Las máquinas a su vez se han hecho parte de nosotros, como si fueran una parte más de nuestro cuerpo, vemos y oímos a través de ellas, nos informamos con ellas etc. Humanizamos a la máquina para hacerla más afín a nosotros y para sentirnos más cómodos con ella, la adaptamos a nosotros. La humanización de las máquinas no solo se ve en nuestros propios dispositivos o en los parecidos a simple vista, se ve también en cine y arte constantemente, la máquina ha pasado de ser una simple herramienta a algo más, incluso llegando al punto de crear inteligencias artificiales para simular la humanidad en una máquina. Por eso la comprensión de la maquina va mucho más allá de un simple objeto o un conjunto de mecanismos que hacen funcionar algo, se ha convertido metafóricamente en nuestra creación divina. Claramente la humanización de la máquina ahora forma parte de la cotidianidad, no es algo raro escuchar a tu móvil hablarte y facilitarte una acción, ayudarte a encontrar algo o simplemente informarte. Esto ha propiciado precisamente un acto paradójico ya que hemos humanizado la máquina para mecanizarnos a nosotros mismos en una sociedad monótona donde estamos “programados” para realizar ciertas acciones dentro de la cadena de servicios. El hecho de vivir con dispositivos electrónicos al alcance de nuestra mano nos ha llevado a vivir una falsa realidad, ahí reside la influencia de la tecnología, hemos empezado a ver el mundo a través de ventanas y paneles virtuales. No solo nosotros como individuo sino la sociedad al completo junto al sistema se han mecanizado y digitalizado de la misma manera para que todo fluya más rápido y de manera más eficiente convirtiéndonos así en esa misma máquina que intentábamos hacer a nuestra semejanza y a su vez arrastrándonos a un nuevo modus operandi donde la realidad que vivimos está llena de clichés, imágenes utópicas y un mundo ideal cuando nada podría estar más lejos de la realidad existiendo una frustración entre las masas, ansiedad, mentiras/bulos y problemas psicológicos ocultos con todo este filtro virtual. Llevando toda esta reflexión a la práctica partimos del automatismo, que toma un papel fundamental en el proceso creativo de la obra, utilizando distintos elementos geométricos aportando juego y dinamismo. Se juega con las gamas de colores ya que tienen gran importancia en la imagen y en la psicología humana además de ser el fiel reflejo de todos los colores que nos dan los dispositivos en sus pantallas para atraparnos aun más en ese mundo utópico. Con todo este proceso creativo hablamos sobre una realidad vista a través de pantallas digitales sumidas por conexiones y circuitos. La abstracción geométrica aporta una estrategia dentro del lenguaje pictórico consiguiendo una expresión mucho más conceptual. Las lineas, cuadrados, rectángulos, circunferencias... son parte de un todo que se une y crea un circuito electrónico que funciona uniendo el mundo mecanizado con la humanización que pretendemos dar a la máquina. Esta obra representaría una visión a través de un mundo de ventanas digitales, el ciberespacio como base conceptual en la obra.
Según Baudrillard (1978) la realidad ha desaparecido o está al límite de que suceda ya que vivimos en una hiperrealidad. En esa hiperrealidad el arte vive enajenado de lo que una vez fue y simplemente se limita a reproducir lo que se establece como comercial, que interesa o que se entiende incluso como bello. El capitalismo y la estructura jerarquizada de la sociedad nos ha llevado a una mecanización en todo el ámbito global para que el sistema funcione y se dicte o se haga lo que en él se entiende y está establecido como bueno, bello y lo que toda la historia de la estética nos ha estado enseñando pero desde un punto totalmente influenciado. Con esto se pretende justificar toda la idea conceptual que engloba la obra y así ver que desde hace ya tiempo se viene dando esta transición tecnológica hacia un mundo utópico.

 
Facial
Facial

2018. Óleo, acrílico y posca sobre madera. 120 x 97cm.

Windows xp
Windows xp

2018. Óleo, acrílico y posca sobre madera. 122 x 122cm.

Alhambra 2077.2
Alhambra 2077.2

2020. Acrílico y posca sobre madera. 40 x 40 cm.

Facial
Facial

2018. Óleo, acrílico y posca sobre madera. 120 x 97cm.